Despertarme a las seis de la mañana y darme cuenta de que
por una noche no soy yo la que abraza a un puto peluche sino que alguien me está
abrazando a mí. Ver una mano agarrada a
la mía, girarme lentamente, mirarle y soltar una carcajada silenciosa al verte
a ti, darme cuenta de que aunque parezca
increíble cuando duermes eres mucho más encantador que con los ojos abiertos.
No apartar ni un segundo los ojos de ti y recordar cada minuto de esa noche, sentir que ha sido la más especial de todas. La casa sola para los
dos, una película romanticona acompañada de una pizza y de ti, que me abraces,
acariciarte y besarte. Que la noche no acabe con el final de la película, que continúe
con masajes y cosquillas en la espalda. Coger un permanente y escribirnos
mutuamente palabras por el cuerpo hasta llegar a la espalda y que ahí, se
acumulen millones de palabras que no se cuales son. Que no me dejes mirarme en
el espejo para ver que pone pero que al cabo de un rato vayas a por algo de
comer y yo como una tonta ir corriendo delante del espejo y darme la vuelta,
comenzar a leer cada una de las frases que me has escrito. Notar el aire que
deja entrar la ventana abierta y que un escalofrío recorra mi cuerpo, dicen que
el aire y las lagrimas son una conjunción extraña. Que llegues y me abraces por
detrás, me beses en la mejilla y me gires hasta llegar a la boca, la comida ya
no importa, importamos nosotros. Continuar con los besos y caricias, acabar
tumbados en la cama, que todo sobre, desde el ruido de la tele hasta llegar a
la ropa, que nada importe, que la noche sea nuestra. De repente otro escalofrió,
como he dicho las lagrimas y el aire no son una buena conjunción, darme cuenta
de todo lo que ha pasado esa noche, levantarme y cerrar la ventana, volverme a dormir, pero no sin antes susurrarte que te quiero.
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