Dicen que las cosas vienen sin
previo aviso y que arrasan con todo lo que pilla por delante; como esa oleada
de lluvia en plena noche calurosa de verano cuando solo tienes ganas de gritar
y ese es tu final; bailar, reír pero sobretodo gritar todos y cada
uno de tus deseos bajo la lluvia. Bonita la idea eh, pues así llego él, sin
previo aviso y en el peor momento, haciendo que todo lo malo poco a poco se
olvidase. Él era... A ver cómo te lo explico, el típico chico de un grupo del
que conoces a varios y a esos no los quieres; quieres a alguien nuevo y por
mucho que te fijes no ves nada en ninguno pero de repente algo te llama la atención. El qué? Ni tú lo sabes, pero dices, yo quiero a ese. Pasa la noche y al mismo
tiempo pasas de él, no te molestas en presentarte tan solo en disfrutar de la
noche con tus amigas y observar el panorama. Ya lo has dado todo, te has rayado
por un imbécil, le has fallado a ese que hasta esos días era tu amigo, se ha
jodido la noche y ya estas de mala ostia; quedan los justos, los demás están
haciendo los gilipollas intentando averiguar qué ha pasado. De repente le
tienes enfrente, le hablas ¿en qué plan? Ni tú lo sabes, supones que callada te
vas a alterar más, dices tonterías, os reís y se van todos, ya es de día, pero
tú no quieres, estás perfectamente con un ''amigo''. El frió y el sueño son escusas
tontas para que cada vez estéis más cerca; suena el teléfono y todo acaba.
Pasan las semanas y de vez en cuando te acuerdas de él, de cómo te hizo olvidar
todo y sentirte tan cómoda con un EXTRAÑO, porque al fin y al cabo él era eso, un extraño. Sin ton ni son empezáis a hablar, te
gusta para que negarlo; ha vuelto a aparecer de repente, sin avisar, alegrándote cada momento; solo quieres
verle, pero sabes el problema? Que ahora cuando no aparece, te falta algo.
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