Te levantas, te caes y te vuelves a levantar. Le odias, le quieres, le olvidas, vuelve y le echas tú, y ahora estás mal. Necesitas tanto que lo poco es bueno y malo a la vez. Lo quieres todo ya y quieres que dé por ti lo que tú darías por él, pero sigues sin nada, sigues sin nadie. Te llenan medio vaso y con las mismas se lo vuelven a beber, te vuelven a dejar vacía. Y duele, duele saber que hasta tus decisiones te matan, que incluso cuando tú acabas con todo, tu mundo se desmorona. Y ya no hay fuerzas de levantarse, ya no hay ganas de encontrarse. Que ya no importa caer más profundo, porque ya ni sientes nada.
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